Objeto perdido, hombre encontrado.

Publicado: noviembre 5, 2013 en Los sueños de Helena
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He salido de casa hace unos segundos decidida a dar un largo paseo. Me he puesto unas mallas negras y una sudadera blanca con letras rojas. Estoy cómoda. He dejado el móvil en casa, he entendido que no lo necesito para salir a caminar y menos si lo que busco es tranquilidad. Tampoco llevo dinero, tan solo las llaves del piso, ya que viviendo sola es difícil que alguien te abra desde dentro.

Vivir sola me gusta, aunque a veces echo de menos tener con quien hablar cuando llego de clase o cuando tengo ganas de desahogarme. Es simple hacer una llamada a una amiga o a un amigo, pero… no es lo mismo.

Pensé en ponerme los cascos, con algo de rock o pop, pero decline la idea, hoy me apetecía escuchar los sonidos que puede ofrecerme la ciudad: coches acelerando, frenando, tocando el claxon… algún grito de un conductor enfadado. Palabras sueltas de conversaciones lejanas o cercanas, pero que no llego a buscarle la concordancia; amor, miedo, trabajo, familia…

Pisadas fuertes de corredores o más débiles de personas que como yo, han salido a caminar. Alguna estrofa perdida que se escapa del móvil de un grupo de jóvenes sentado en un banco, o de algún vehículo que pasa con el volumen demasiado alto.

Me concentro más en los sonidos, mientras voy alejándome de la ciudad dirección a un bonito parque.

Respiraciones varias, pájaros lejanos…

Algo que se cae, lo miro, es una pulsera. Me agacho a cogerla he visto a quién se le ha caído y sé que él me ha visto a mí. Nuestras miradas se siguieron durante los segundos que pasaron desde que lo vi avanzando en dirección contraria a la mía, corriendo despacio. Me recorrió con la mirada, al igual que yo a él. Me gustó mucho lo que vi, sobre todo sus labios que invitaban a ser besados. El posó sus ojos sobre mi cuello y luego también en mis labios. Instintivamente los separé despacio y los repasé con la lengua, el bajo la mirada, escondió una sonrisa y desapareció de mi vista.

Mire la pulsera tres segundos y cuando me di la vuelta para entregársela a su dueño  este ya no está. Gire sobre mi misma intentando encontrarlo con la mirada, pero no tuve suerte.

Me quedé allí unos minutos, esperando que el chico al que se le ha caído se dé cuenta y vuelva hacia atrás, esperando encontrarla, pero nada, el no apareció, así que continué mi camino.

Miré la pulsera: era marrón de cuero trenzado. Observe el enganche, no tenía, se sujetaba con un nudo, así que con un poco de maña conseguí ponérmela.

Llegué al parque y vi niños y niñas columpiándose, jugando al futbol o corriendo. Se divertían de cualquier manera. Unos llorando, otros riendo o gritando. Me gusta verlos, me hace feliz durante un ratito.

Hoy hay un buen día, así que me siento en el césped y apoyo mi espalda sobre el tronco de un bonito árbol. Cierro los ojos y dejo que el aire mueva mi pelo, llene mis pulmones y enfríe mi nariz. Estoy muy cómoda, estoy sola y ahora mismo eso me hace sentir bien.

No sé cuánto tiempo estuve allí, no sé si me dormí o solo me relajé, pero cuando abrí los ojos el sol ya había desaparecido, aunque aún había luz en el cielo.

Me levanté y volví al piso. No encontré al chico esperando donde se había caído la pulsera, tampoco esperaba hacerlo.

La noche pasó veloz. Después de una ducha relajante y una buena ensalada para cenar me tumbé en el sofá e intenté ver una película, y digo intenté porque me dormí antes de que acabara y cuando desperté me fui a la cama.

El tiempo pasó rápido esa mañana y cuando me quise dar cuenta, sin saber muy bien porque, me encontré caminando de nuevo hacia el lugar donde me había cruzado con el chico de la pulsera, a la misma hora que él día anterior y con la misma ropa, para que no se equivocara al verme. Reconozco que me acorde de él, de su fuerte mirada a lo largo de la mañana varias veces, pero supongo que es algo normal.

Al llegar levanté la mirada y allí estaba él.

-Hola- dije tímidamente.

-Hola- miró mi muñeca y después a mí- mi pulsera- me cogió de la muñeca y sonrió- te sienta bien.

Levantó la mirada y miró hacia atrás, las luces del cartel luminoso de un bar iluminaban su entrada. Me miró y apretó con suavidad mi muñeca, me estremecí unos segundos.

-Te invito a tomar algo, para agradecerte el que te hayas molestado en volver hoy para darme la pulsera.

Lo pensé un momento y luego asentí.

-De acuerdo- comencé a quitarme la pulsera, pero él me lo impidió agarrándome la mano.

-No, déjala donde está, haremos como que no la hemos visto y así mañana tendré una buena escusa para volver a verte…

Agaché la mirada y sonreí para mí, estaba sonrojada.

-Me llamo Helena y tu eres…- dije señalándolo.

-Lucas- se acercó y me dio dos besos lentos, tan cerca de mis labios que pude sentir su aliento.

Nos miramos con brillo de deseo y caminamos hacia el bar.

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comentarios
  1. Kiwi dice:

    Después de leer este texto,mi conclusión es fácil. Repetitivo y muy obvio nada fuera de lo común.

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