Desafío nocturno.

Publicado: noviembre 7, 2013 en Los sueños de Helena
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Hoy me he metido en la cama tarde. La aburrida televisión me arrastro hacia una espiral de sensaciones cercanas al sueño que al final lograron atraparme y cerrarme los ojos con extrema suavidad. Imagine que eras tú el que me los bajaba, para después darme un simple beso y acariciarme el pelo.

Me levanté del sofá con lentitud. Aparté la manta, dejando que el frió del exterior se posara sobre mi cuerpo y me hiciera tiritar. Me toqué los labios despacio, recordando el último beso que me diste y suspiré.

La estancia estaba prácticamente a oscuras, la persiana estaba por la mitad, así que la luz que se colaba desde la calle era escasa. No me importó aunque sabía que si continuaba mucho más rato allí, las diferentes sombras que se formaban, acabarían haciéndome recordar la infinidad de películas o historias de miedo que había ido recopilando a lo largo de los años y que se habían instalado, algunas con más fuerza que otras, en el cajón de mi mente de no abrir de noche. Este insistía en activarse siempre cuando el sol ya había acabado su jornada, dejando paso a su dama, la luna, que se encargaría de alumbrar a cantidad de enamorados, que escondidos, se daban incansables caricias.

Salí al pasillo y sin mirar al frente inicié el camino que me separaba de mi confortable habitación. No pude llegar a ella, alguien me agarró la mano.

El miedo se apoderó de mi cuerpo y me quedé completamente quieta, pensando, imaginando, pidiendo que lo que me sujetaba la muñeca fuese una reacción extraña de mi cuerpo, quizás se me había dormido o…

Con mucho cuidado moví la mano que tenía libre buscando el interruptor de la luz, pero lo que había detrás de mí dio un paso hacia delante y me rodeó la cintura.

-No tengas miedo- me dijo en un susurro sobre mi nuca, provocando con su aliento que yo me estremeciera.

Su voz me resultó familiar, pero no pude asociarla a ninguna persona, aún estaba demasiado asustada como para tener  control sobre mis cinco sentidos.

-¿Quién eres?- mi voz sonó temblorosa.

-Bésame y lo sabrás- contestó atrevido para después repasar el borde de mi oreja con su lengua.

Me giré con rapidez, no quería esperar un segundo más para averiguar quién se había colado en mi casa para desafiar mi noche.

Aspiré su aroma y siguiendo el calor que desprendía su boca llegué a sus labios. Lo besé tímidamente al principio, pero descubriendo que el ansiaba más me dejé llevar. Pegó su frente a la mía y supe que estaba sonriendo, porque estaba totalmente segura de quién era él.

Lo besé de nuevo y cogiéndolo de la mano lo arrastré a mi habitación.

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