Número desconocido

Publicado: abril 7, 2014 en Los sueños de Helena
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Un mensaje de texto de un número desconocido fue lo que me hizo abrir los ojos y erguirme para sentarme en el sofá. Había escogido una película aburrida para ver esa tarde, y el sonido del móvil me animó. Pensé en que quizás alguien quisiese salir a la calle, a dar un paseo, a tomar un refrigerio sentados en una terraza, hablando de todo y de nada, pero cuando desbloqueé el teléfono y me di cuenta de que no conocía el número la poca emoción que se había apoderado de mi cuerpo desapareció. El contenido del mensaje era simple y claro:

“Guapa, me apetece verte…”

Releí esas cuatro palabras tres veces más y después volví a posar el móvil encima de la mesa; alguien se había equivocado al mandar el mensaje, era algo evidente. El tono del móvil volvió a llegar a mis oídos. Miré de reojo la luz verde parpadeante que indicaba que algo estaba esperando en mi teléfono a ser visto. Estiré la mano y abrí el mensaje.

“Sé que no sabes quién soy, pero si me conoces. Ábreme la puerta y descubrirás quién soy…”

¿Qué tonto estaría vacilándome? ¿Algún amigo? ¿O alguien que había marcado mi número al azar y estaba divirtiéndose a mi costa?

De nuevo otro mensaje.

“Sé que me has leído, déjame entrar Helena, déjame demostrarte lo que saben hacer mis manos…”

En cuanto leí mi nombre se me aceleró el corazón. Estaba claro que la persona que estaba dándole a las teclas me conocía… me quedé mirando los mensajes durante cinco minutos y decidí contestar a la persona desconocida.

“No sé quién eres, dime tu nombre y quizás…”

Lo envié sin pensarlo y rápidamente me agité en el asiento. Pasaban los segundos y me alteraba cada vez más, esperando la respuesta a mi elocuente mensaje.

Pasaron varios minutos y me imaginé a un grupo de amigos y amigas sentados en algún parque mientras se reían de mí. ¡Qué rabia! Ahora me arrepentía de haber contestado al mensaje, aunque me hizo sonreír lo que leí a continuación.

“No te estoy vacilando nena. Sal a la puerta te he dejado una nota…”

Me levanté veloz, mire por la mirilla y como no había nadie giré la manilla y allí estaba; un papel doblado que atrapé con rapidez para abrirlo aún más rápido.

“Pídeme que suba, prometo no defraudarte. No te miento cuando te digo que me conoces. Sé atrevida.”

La curiosidad estaba ocupando todos mis sentidos. Sin saber cómo agarré el móvil y escribí tan solo una palabra.

“Sube”

Cinco segundos después mi timbre sonó y caminado despacio hacia la puerta volví a mirar por la mirilla…

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comentarios
  1. Martha Etcheverría dice:

    Me encantó, una historia corta clara y llena de suspenso, con un final a gusto del consimidor. Felicidades.

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