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Capítulo 1.

La posibilidad de éxito no era muy elevada, pero yo me caractericé siempre por ser una persona muy positiva. He arriesgado en la vida todo lo que he podido. He perdido bastantes veces pero otras muchas también he ganado. Las cosas fáciles no son lo mío, aunque mi vida no ha sido muy difícil, por lo que supongo que la mitad de mis problemas vienen por eso.

Me mantengo firme, con una carpeta entre mis manos, esperando que me toque el turno para entrar en lo que supongo sea un reducido despacho. Delante de mí hay tres personas más, que ronda mi edad, mi peso y mi estatura. Dos de ellas son chicas, el otro supongo que un hombre, y aunque no he logrado ver su cara se con total seguridad que es atractivo. Lleva unos bonitos vaqueros oscuros, ceñidos a su cuerpo de una manera provocativa y una americana negra para tapar sus brazos y torso. Desvío la mirada, puedo imaginármelo en mi mente. Tengo una memoria fotográfica excelente, así que si alguna vez vuelvo a ver ese culito sabré reconocerlo.

Se abre la puerta del pequeño despacho y los tres miramos hacia allí. Una chica cabizbaja se despide educadamente de alguien que no podemos ver y cerrando la puerta se va sin decir nada.

La veo triste, me alegro por cruel que parezca, pero si se ha ido desanimada eso significa que tengo más opciones de conseguir el puesto de trabajo.

Aún no puedo deciros con exactitud el trabajo que voy a desempeñar, pues no lo sé ni yo misma. ¿Qué hago aquí entonces? Pues la historia de cómo llegué a este estrecho despacho con mi currículum en la mano sin saber que era lo que me esperaba comenzó hace dos días:

 

-¡Elisabeth!- un grito hizo que mis ojos se abrieron un poco más, para segundos después, al descubrir de donde procedía la voz, volvieran a su estado natural- No puedo creerme que otra vez hayas llegado tarde…

Dejé de escucharla en ese mismo momento, porque sabía que comenzaría con una lista infinita de errores que había cometido el día anterior, o que ella creía que yo había cometido, para luego seguir con los de hace dos días, tres, cuatro… ni siquiera la miraba. Era la señora más pesada que había conocido en mi vida que si esto, que si lo otro… mientras yo caminaba hacia mi despacho, que ella llamaba “la caja de los telares”. La verdad que era un nombre que me hacía gracia, creo que era lo único que podía tener de agradable esa mujer.

Llevaba 5 años trabajando para ella, aguantando sus insultos escondidos, sus reproches y todo el armamento que guardaba durante toda la noche para soltármelo según me viera. Estaba completamente segura de que estaba soletera, y si no era así, era más que evidente que hacia milenios que no se acotaba con su marido. Seguramente, aparte de eso, habrían caído en una aburrida rutina, cosa de la que yo escapaba cada vez que un hombre se me ponía delante durante más de cuatro meses y resultaba siendo aburrido.

Ese día era diferente. Mi maldita jefa llevaba más de diez minutos hablándome sin parar sobre no se qué papeles y como se dio cuenta de que no le estaba prestando atención me los tiró encima de la mesa.

-¿Has visto?- dijo señalándolos.

Los cogí, hice que los miraba mientras pensaba en que esa misma noche había quedado con un chico y luego asentí y se los entregué.

-Eres un desastre, no sabes hacer nada al derechas, te has equivocado al sumar…

Arrugué la frente ¿Sumar qué? Yo ayer no había hecho nada de eso, me había tocado la dura tarea de recoger las llamadas de la impertinente que tenía frente a mí.

-Yo no he sido- le devolví los papeles- ayer dediqué mi mañana a responder llamadas.

-¿Cómo dices? ¿Estás insinuando que me he equivocado? ¿Qué he sido yo quién ha hecho mal la suma?

La miré levantando los ojos, sin mover la cabeza durante exactamente cuatro segundos y luego volví a mí trabajo.

-¡Niña engreída, reconoce que has sido tú!

Resiste, ya se irá, necesitas el dinero… me decía la parte angelical que hay en mí.

Levántate, dile cuatro cosas y lárgate, puedes encontrar otro trabajo… me hablaba el pequeño demonio de mi cabeza.

Sonreí de forma maléfica, tanto que la estúpida de mi jefa dio un paso atrás. Me levanté y le arranqué los papales de las manos.

-Mira gilipollas, esta mierda la has hecho tú, como cada día. Porque eres tan corta que no sabes ni sumar dos y dos. Tu presencia me ensucia, así que puedes imaginar lo que siento cuando te toco- le tiré los papeles al suelo- recógelos, seguro que es el único ejercicio que harás en todo el día, porque siento decirte que comer no cuenta como tal (Parece que me pasé un poco, pero es que es tan… repulsiva)- cogí cuatro cosas que tenía encima de la mesa- me voy de aquí, no tengo porque soportarte más- caminé hacia la puerta y antes de salir le dije sin mirarla.- y prueba a que te echen un buen polvo, haber si se te quita la mala ostia que tienes( ahí reconozco que sí me pasé).

Y me fue más feliz que nunca.

Los dos días siguientes los dediqué a descansar, comprarme algo de ropa y cosas para mi pequeña casa. No tenía pensado buscar trabajo aún hasta que oí un anuncio por la radio en el que buscaban gente activa, creativa y con ganas de hacer cualquier cosa; así que aquí estoy.

 

La entrevista fue estupendamente, podría asegurar que me llamarán mañana, pero no quiero adelantarme, ahora tengo que pensar.

El trabajo para el que posiblemente me cojan se resume en escribir tres historias a la semana para una revista que salió tan solo hace dos meses. Quieren algo llamativo peor diferente, algo que invite a penar. La cuestión es que me da justo para vivir, y me apetecía ganar un poco más, así que he decidió alquilar una de las habitaciones que tengo libre en mi encantadora casa. La idea de que fuese un hombre me atraía mucho más que la de tener que convivir con una mujer, así que en los anuncios que más tarde divulgué por diferentes zonas fui muy clara:

Se alquila una habitación en una casa para chico entre 25 y 35 años. La casa es amplia y cuenta con todos los extras (lavavajillas, plaza de garaje, internet…) la zona es estupenda y las vistas desde la habitación magnificas. Interesados llamar a Elisabeth. Teléfono…

No creía que los anuncios diesen resultado tan pronto, pero antes incluso de haber acabado alguien me llamó.

-¿Elisabeth?- su voz llegó a mis oídos con muchísima claridad. Hablo de manera muy calmada, diría que casi sensual…- te llamo porque he visto el anuncio de la habitación…

-Claro, dígame ¿Está interesado en verla?- se me ocurrió que había sido muy rápido, por lo que quizás estuviese desesperado por encontrar algo decente.

-Por supuesto, tengo ganas de verla.

Le dije la calle el número y le dije que viniera cuando quisiera. Colgué y a los tres minutos llamaron a la puerta.

Supuse que sería cualquier persona menos mi nuevo compañero de casa.

Abrí despacio, deseando por favor que fuese un buen hombre, aunque a primera vista eso no se sabía, pero que al menos eso demostrara, lo del físico… podía pasar a un segundo plano ¿O no? Pensé en cuanto fije mis ojos en él.

-Hola, soy Elisabeth- me adelante para darle dos besos y me paré en seco cuando vi su cara.

-Yo soy…

-David- dijimos los dos a la vez.

Nos reímos al unísono y lo invité a pasar.

No era que lo conociera de toda la vida, como podréis estar pensando, es que lo acaba de conocer en la entrevista de trabajo. Era él quién me había entrevistado. Mi nuevo jefe. Y ahora estaba en mi casa, con su imponente cuerpo recorriendo cada habitación, dejando el rastro de su encantador aroma por toda la casa y haciendo sentir realmente extraña.

No sabía exactamente si quería que se quedara o no, pero no podía esperar mucho más ha averiguarlo.

-Entonces dime ¿Te gusta la casa tanto como para quedarte?- dije apoyada sobre el marco de una puerta.

-Yo creo que…-me miró de arriba abajo, muy despacio- si-y me sonrió haciendo enrojecer.

Lo miré marcharse, desconociendo si era la casa lo que le había gustado o yo.

     

cazasueños

Tu aliento sobre mi boca por la mañana. Me despierto.
 
¿Era un sueño? No estas a mi lado, parecía tan real…
¿Lo era?
 
 

ENCUENTRAME EN TUS SUEÑOS