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FRAGMENTO FINAL

Publicado: febrero 18, 2013 en ALIADA DE LA OSCURIDAD

Colocó la mano sobre mi cara y me acarició sin dejar de besarme. Su lengua encontró la mía e inició un baile sensual que me atrapó por unos segundos, pero que no logró cautivarme por completo. Su sabor era agradable, no puedo negarlo pero no era el de Roberto, y eso me hizo echarme atrás.

Me aparté despacio, bajando la cabeza rápidamente para que no viera mi cara mientras repasaba el labio inferior con el superior y luego al revés.

-¿Ocurre algo?- puso la mano en mi cabeza.

Negué con la cabeza y después sople sobre mi mano, dejando que el aire revotara hacia mi boca de nuevo.

-Aitana. Mírame- colocó su mano debajo de mi mandíbula pero la mantuvo allí, sin moverla, esperando que yo reaccionara.

Levanté la cabeza y lo miré a los ojos, intentando expresarle con la mirada todo lo que quería decirle, todo lo que me pasaba por la cabeza en este momento, pero no fue suficiente ya que él insistió.

Volvió a lanzarse a mis labios, pero esta vez solo nuestros labios se rozaron. Le puse la mano en el pecho y él se quedó quieto.

-No puedo hacerlo Javi- bajé la cabeza y después volví a subirla- lo siento pero debo irme.

Me levanté con rapidez y fui a mi habitación a vestirme. Me puse unos vaqueros ajustados, una chaqueta morada y mis botas negras.

Javi no dejaba de preguntarme a donde iba con tanta prisa, pero yo no le contestaba, así que enfadado ya por mí pasotismo levantó la voz y yo por fin decidí contestarle.

-Al hospital, debo ver a alguien- me puse el abrigo y me eché un poco de colonia.

-¿A quién?- se acercó y me agarró por las manos- quiero decirte muchas cosas Aitana…

-No digas nada Javi- me acerqué y le besé en los labios- es mejor dejarlo así, no puedo darte lo que me pides- abrí la puerta y esperé a que saliera para después seguirle.

-¿Pero porqué no puedes esperar tan solo dos minutos? ¿Tan importante es esa persona a la que quieres ver que no puedes escuchar lo que quiero decirte?- me agarró de la mano e impidió que bajara las escaleras.

-Si Javi. Es la personas más importante de mi vida- le solté la mano- es el hombre al que amo- entonces le miré por última vez y desaparecí de su vista.

No me sentí culpable, al contrario, me sentía estupendamente, por fin había escondido todos mis sentimientos y mis recuerdos relacionados con Javi, dejándolos bien escondidos, pero accesibles para cuando quiera disfrutar de ellos.

Salí del portal en dirección al coche, pero entonces alguien me agarró del brazo y me hizo parar.

-Hola- me miró tímida a los ojos, pero descubrí enseguida quién era- llevó intentando encontrarme contigo todo el día, y como no sabía donde vivías… eso no importa ahora- se metió el pelo detrás de las orejas- gracias- me miró a los ojos y vi como sus ojos se inundaban.

Le puse la mano en la mejilla y atrapé unas cuantas lágrimas que se resbalaban por ella, y después la abracé con fuerza.

-Perdóname. Me siento culpable por lo que le ha pasado a tu novio, y por haber entrado tan rápido para casa, pero tenía miedo, mucho miedo-se separó y me miró a los ojos asustada- ¿Qué tal está? Dime que bien por favor, si no nunca…- le sonreí y ello dejó de hablar.

-No me des las gracias y mucho menos me pidas perdón. Hice lo que debía y me siento muy bien con ello. Habría hecho lo mismo aunque supiera el resultado antes. Y puedes estar tranquila. Él está bien.

Me sonrió alegremente, mientras decidía si darme otro abrazo o no. Le agarré la mano y la ayudé a decidirse; se lanzó a mí y me abrazó mientras posaba su cara sobre mi hombro.

-Dale recuerdos cuando vayas a verlo y dale las gracias- dejó de abrazarme pero no me soltó la mano- prometo que algún día os devolveré el gran favor que me habéis hecho. Gracias a vosotros ahora él está encerrado, y yo por fin podré volver a vivir mi vida- se limpió las lágrimas.

-Lo haré, pero no nos debes nada, olvida eso ¿Vale?- volví a sonreírle.

-Al menos aceptarme una invitación a cenar. Cuando tu novio mejore ¿De acuerdo?- me miró con profundidad.

-Está bien, acepto tu invitación y seguro que él está encantado- apreté su mano.

Nos despedidos con dos besos y me fui directa al coche, tenía muchísimas ganas de ver a Roberto.

El encuentro con la chica me había animado mucho, me sentí mucho más tranquila al descubrir que ella agradecía lo ocurrido, ya que aunque lo supuse, nunca pensé que ella me lo agradecería personalmente.

Llegué al hospital y tuve suerte de encontrar sitio cerca de la puerta, no suele suceder, pero estaba claro que el día de hoy era de color rosa en el libro que tenía escrito el destino para mí.

Corrí por los pasillos, me puse estérica en el ascensor, que para mi gusto subía demasiado lento; estaba nerviosa y no sabía por qué.

Entré despacio en la habitación, no quería despertarlo si estaba dormido, pero lo oí llamarme y aceleré el paso.

-Roberto- me paré cerca de la cama y lo miré, fijándome en cada detalle de su cara, diciéndome a mi misma que era el hombre más guapo que había visto nunca- estas encantador mi amor.

-Gracias princesa- me cogió de la mano y me arrastró hasta que me senté en la cama- tú también. Siempre lo estás-me sonrió y se sopló, dejando que mi cara se impregnara con su aliento.

Cerré los ojos y respiré hondo, reconociendo alegre el olor inconfundible de mi detective.

-Aitana ¿En qué piensas?- me dijo sentándose en la cama.

-En ti- abrí los ojos- y en lo maravilloso que ha sido ser tu aliada en la oscuridad- me acerqué a sus labios ¿Me permites seguir siéndolo durante mucho más tiempo?

-Te prometo que lo serás durante toda mi vida- me besó la nariz- te amo Aitana.

-Yo también te amo Roberto.

Nos besamos despacio, sin prisa, disfrutando de cada pequeña embestida que daban nuestras lenguas y sintiendo más que nunca los pequeños escalofríos que recorrían nuestros cuerpos y se paraban en los más profundo de nuestros corazones.

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FRAGMENTO 62

Publicado: febrero 14, 2013 en ALIADA DE LA OSCURIDAD

No sabía con qué intención había venido a verme, tampoco sabía cuál sería mi reacción al verle, tampoco cuál sería la suya, pero lo que menos entendía era porque le había abierto la puerta y le había invitado a subir a mi piso.

Él no había que yo vivía en el mismo piso de siempre, pero seguro lo descubrió en cuanto Judit le dio mi dirección. Que de recuerdos pasarían por su mente, quizás los mismos que por la mía. Estos flotaban encima de mi cabeza y cerca de mi corazón, aunque sin poder traspasar la barrera que ahora lo cubría, pero esperando ansiosos que una pequeña brecha se abriera para poder pasar y recuperar el sitio que tiempo antes ocuparon.

Respire hondo y reforcé la barrera antes de mirar por la mirilla. Hay estaba él, esperando que yo le abriera la puerta, dudando si tocar el timbre otra vez o esperar que le abriera. Bajó la mano hasta su bolsillo y decidió esperar. Se tocó el pelo, la corbata azul y después el pendiente, y miró hacia la puerta. Cerré los ojos y apoyé la cabeza sobre la mirilla, respiré hondo y separándome abrí la puerta.

-Hola- dije alegremente mientras me apartaba a un lado para dejarle pasar.

-Hola guapa- entró sin sacar las manos de los bolsillos.

Miró hacia todos los lados, parándose a intervalos para observar más detenidamente algunos detalles. Me di cuenta entonces que estos estaban allí desde siempre, por lo que deduje que los recordaba muy bien. Más tarde me di cuenta de que había acertado.

-Esto ha cambiado- me miró con fuerza- aunque no del todo- se giró en redondo- puedo distinguir algunos detalles que hacen que esto siga… igual de cálido.

-Sí, algunas cosas nunca cambian- coloqué los brazos a mi espalda y levante los hombros, al tiempo que me arrepentía de haber dicho eso.

Hay palabras que no se deben decir, porque nunca se sabe cómo pueden entenderlas las otras personas, pero ya las había pronunciado, y esperaba que el las entendieran como eran, un simple comentario sobre como seguía la decoración de mi piso.

-Tienes razón, hay cosas que nunca cambian, pase el tiempo que pase…-se acercó al mueble de la entrada y tocó un pequeño caza-sueños que había colgado del espejo.

Me rasqué la cabeza a la vez que bajaba la mirada. Maldita sea, más recuerdos; su primer regalo. Habíamos elegido el sitio donde ponerlo juntos, y yo no lo había cambiado de sitio porque me parecía que ese era su lugar. Se miró al espejo y se retocó el pelo. No entendí porque, ya que a mi entender estaba perfecto, pero supuse que sería un simple gesto de distracción. Decidí romper el silencio.

-Bueno Javi ¿Y qué se debe tu visita?- dije moviéndome hacia la cocina.

-¿Te basta con que te diga que me apetecía verte?- me siguió.

Cogí un vaso de agua y le ofrecí otro, pero me negó con la cabeza.

-¿Qué tal la semana?- cambié de tema radicalmente.

Se rió mientras aflojaba un poco la corbata.

-Pues bien, aunque podía haber ido mejor- se sentó en una butaca y se quitó la chaqueta.

-¿A sí?- me senté a su lado- ¿Cómo?

-Ya lo sabes Aitana…-apoyó un codo en la barra.

-No lo sé ¿Qué pasa, no quieres decírmelo?- bebí un trago de agua- ¿Alguna chica te trae de cabeza?

Bajó la cabeza y noté como sus pómulos se encogían en la parte de arriba, dejando en entre dicho que estaba sonriendo, pero que no quería mostrármelo. Me miró a los ojos.

-Aitana… has dado exactamente en el clavo- se acercó un poco- ¿Sabes cómo podría haber ido mejor?

-¿Cómo Javier?- dije poniéndome nerviosa.

-Si pudiera hacer una cosa cada día que me levanto por la mañana y cada noche que me acuesto- resbaló por la barra hasta llegar a rozarme.

-¿Qué cosa?

-Esta- me tocó la nariz con el dedo índice y después me besó, dejando que nuestros labios se pegaran y se impregnaran unos del sabor de los otros.

FRAGMENTO 61

Publicado: febrero 13, 2013 en ALIADA DE LA OSCURIDAD

El médico lo examinó y le cambió el vendaje, ya que este estaba manchado de sangre.

-Bueno Roberto- le dijo el médico tapándole la herida-has mejorado un poco, pero has sangrado un poco y eso no es positivo ¿Has hecho algún esfuerzo?

Nos miramos y sé que por su mente pasaron las caricias y gemidos que habíamos compartido hace unos minutos.

-No, pero quizás al ir al servicio pude haberme movido más de la cuenta-se intentó sentar.

-No debes sentarte, permanece echado la mayor parte del tiempo- se despidió y se fue.

-Deberías irte a descansar princesa- me agarró de la mano- yo te esperaré aquí…- se rió.

Le sonreí y asentí.

-Vendré lo más pronto que pueda- le besé con ternura- hasta luego Roberto.

Llegué a casa y me fui directa a la ducha. Estuve allí durante largo rato, disfrutando del agua resbalando por todo mi cuerpo. Pensé en todo lo que había pasado desde que Roberto me había confesado que era Morfeo. Le habían apuñalado por mi culpa, si no le hubiese llamado no estaría ahora en el hospital, y si no hubiese mirado aquella primera vez por la ventana.

Rompí a llorar. Cantidad de cosas se agolpaban en mi mente, desde el hecho de que Roberto estuviera en el hospital por mi culpa y además estaba Javi ¿Porqué había soñado con él? Estaba claro que los sueños tienen significado, al menos eso es lo que yo pienso. Si sueñas con alguien significa que esa persona se durmió pensando en ti, y si eso es verdad… no se quizás estaba sacando las cosas de quicio, pero estaba claro que algún quedaba algo, un sentimiento o simplemente cariño. Pero eso tampoco sería nada del otro mundo ¿Porqué no debería de haber cariño después de lo que vivimos? Me relajé, no había motivos para ponerse así. No debía sentirme mal por haber soñado con él, ni siquiera por pensar en él, porque aunque estaba claro que entre Roberto y yo había algo, lo nuestro no estaba definido, por lo que yo era libre de hacer lo que quisiera… ¿Pero que estaba diciendo?

Salí de la ducha y después de secarme me puse ropa cómoda para estar en casa. Me preparé un bocadillo de tortilla y me senté en el sofá. Estaba cansada pero tampoco quería dormir, tan solo necesitaba relajarme un rato. Miré mi móvil, desde la noche anterior no le había prestado atención, quizás alguien me había llamado. Estaba en lo cierto, tenía dos llamadas perdidas de Judit; la llamé.

-Hola ¿Ha pasado algo?- dije mientras bebía un poco de agua.

-Hay Aitana ¿A que no sabes a quién me he encontrado hoy?- su tono de voz era de excitación.

-Haber haber, suena interesante- esperé.

-A Javi. Me he encontrado a Javi- acabó con una risita- ¿Y sabes qué?

-¿Qué?- dije nerviosa.

-¡Me ha pedido tu número!- dijo subiendo la voz.

Me quedé callada, me había emocionado la noticia, y no entendía el motivo de mi reacción.

-¿Aitana? ¿Sigues ahí?

-Sí, sigo aquí. ¿Y qué hiciste?- dije notando como aumentaba el ritmo de los latidos de mi corazón.

-O Aitana, que pregunta más tonta. ¡Se lo he dado! Como no iba a hacerlo después de ver como hablabas de él el otro día, deberías haber visto tus ojos…

-Judit, eres una exagerada ¿Y qué dijo?- mordí un trozo de mi delicioso bocadillo.

-Pues gracias ¿Qué iba a decirme?- se calló un momento- además…

-Además ¿Qué?- dije esperándome cualquier cosa.

-Le he dado tu dirección. Y me dijo que se pasaría por allí a la hora de comer, así que calculando… estará a punto de llegar.

Y tan apunto, el timbré sonó y yo dejé de masticar.

-Prometo que te mataré- dije bajando la voz como si el pusiese oírme.

-Disfrútalo- y colgó el teléfono.

Me acerqué al portero automático y al descolgar su voz pronunció mi nombre, y todos los recuerdos que permanecían guardados sobre nosotros salieron de su cajón inundando mi piso.

FRAGMENTO 60

Publicado: febrero 11, 2013 en ALIADA DE LA OSCURIDAD

Abrí los ojos, pero él no me vio porque yo estaba tumbada dándole la espalda. No sabía cómo actuar, no sabía que iba a decirle, así que opté por la opción de hacerme la dormida, aunque dudaba mucho que diese resultado, ya que seguramente el había notado el aumento del ritmo de mi respiración.

-Aitana ¿Estas despierta?- me tocó el hombro.

Cerré los ojos con rapidez, no quería que me viese, pero ya era tarde, el ya había notado que yo estaba despierta.

-Se que estas despierta, puedo notarlo- dijo apretándome un poco el brazo.

Reaccioné lento, girándome para mirarlo a los ojos, y preparada para dejar el tema a un lado rápidamente.

-¿Qué tal estas? ¿Qué tal tu herida?- le toqué la cara

-Pues me encuentro mejor que ayer- me sonrió.

Estiré los brazos y después me levanté de la cama para dirigirme al baño. Me miré al espejo y después me mojé un poco la cara para despejarme. Tenía unos pelos horribles, me los arreglé con los dedos de la mano y después me hice una trenza. Me entretuve un poco más en el baño, mientras pensaba que decirle a Roberto cuando me preguntara porque le había llamado Javi. Decidí que lo mejor sería decirle parte de la verdad; que había soñado con él, aunque no le contara que clase de sueño había tenido. Me había parecido raro soñar con él, no entendía porque pero supuse que sería porque había aparecido de nuevo en mi vida, aunque hubiese sido tan solo por unas horas una mañana de un día que ya me resultaba lejano. Recordé de nuevo el roce de sus labios, y se me antojo encantador. Me miré al espejo y lo vi.

-¿Qué haces aquí? Deberías estar echado- me apresuré a ayudarlo.

-Sí, pero todos tenemos necesidades y dudo que desde la cama…- me sonrió.

Bajó la tapa del váter y se sentó encima.

-Estas muy guapa, tienes un brillo especial en los ojos esta mañana- extendió la mano y yo se la agarré- ven, déjame abrazarte.

Me rodeó con sus brazos y yo le besé la cabeza, mientras le acariciaba el pelo. Me agarró el culo y me lo apretó, me separó un poco las piernas y comenzó a acariciármelas por el interior. La tela de mi pantalón no impedía que sintiera el calor de sus manos, que pronto comenzaron a subir. Me bajó el pantalón con rapidez y acarició el tanga con su dedo índice, provocándome. Este acabó en el mismo lugar que el pantalón y Roberto posó un delicado beso sobre mi sexo. Le quité el pijama que le habían dado en el hospital y lo lancé al lavabo. Me di cuenta de que la puerta estaba abierta, así que con rapidez me acerque a cerrarla. Cuando me giré para mirar a Roberto lo vi con su miembro en la mano, mientras moví muy muy lentamente su mano de arriba abajo, mientras me miraba con ojos lascivos. Me acerque despacio, moviendo mis caderas de forma exagerada. Le agarré las manos y él las dejó caer hacia los lados. Le miré y después de morderme el labio me lancé a su boca, besándole con ansia mientras él, con la cabeza hacia arriba, me acariciaba el trasero. Me separé y coloqué las manos en su miembro, para continuar jugando como él lo estaba haciendo pero a un ritmo más acelerado. Intercalé los movimientos de mis manos con besos por todo su cuerpo, para acabar arrodillada enfrente de él. Repasé despacio su pene con mi lengua y él se excitó sobremanera, agarrándome de la trenza con fuerza, mientras se echaba hacia atrás para apoyar la espalda. Noté que no le quedaba mucho para llegar al final, asique para y me coloqué encima de él a horcajadas, notando como su pene se amoldaba perfectamente a mi vulva. Me moví con rapidez, mientras él acariciaba mis pechos y mi sexo. Tiré la cabeza hacia atrás agarrándome de sus hombros y cerré los ojos. Toda la excitación que había mantenido escondida durante el día de ayer salió de mi, explotando e mi interior, acompañada de unos pequeños espasmos procedentes del cuerpo de Roberto.

Me dejé caer encima de él, mientras jadeantes nuestros cuerpos empezaban a relajarse, pero sin mucho tiempo de disfrutar de ello, ya que uno de los médicos estaba llamándolo desde la puerta.

Nos miramos nerviosos y nos apresuramos a vestirnos, mientras él decía que saldría enseguida.

FRAGMENTO 59

Publicado: febrero 7, 2013 en ALIADA DE LA OSCURIDAD

-Hola mamá- movió la mano para decirle que viniera.

-O cariño- le dio dos besos cariñosos- ¿Qué tal te encuentras?- dijo separándose y cogiéndole la mano.

La mire de arriba abajo y descubrí que vestía de una manera muy joven. Y aunque eso me confundió, las arrugas que asomaban cerca de sus ojos y en su frente me ayudaron a pensar que estaría cerca de los cincuenta y siete años. Su pelo era especialmente bonito. Le llegaba por encima de los hombros y destacaba su precioso color rubio que le hacía juego con sus ojos, del mismo color que los de Roberto. Me di cuenta de que me estaba mirando.

-Esta es Aitana- dijo señalándome

-Encantada- me levanté y le di dos besos que me devolvió con rapidez.

-Es una alegría conocerte por fin- miró a su hijo- nos han hablado mucho de ti- yo me llamo Ana.

Me disculpé después de sonreírle y me fui directa al baño a colocarme el sujetador. Me miré en el espejo y descubrí un pequeño chupetón encima de mi pecho derecho, imposible de tapar con la camiseta. Maldito sean Roberto, de eso era de lo que te reías cuando me miraste segundos antes de que entrara tu madre. Me retoqué un poco el pelo y después de beber un poco de agua salí de nuevo a la habitación.

-Bueno Aitana- se levantó de la cama- como veo que mi hijo está en muy buenas manos voy a irme a dormir- le dio un cálido beso, me dio otro a mí y se fue.

-Tu madre parece joven ¿Cuántos años tiene?- me senté a su lado.

-Pues creo que sesenta- dijo rascándose la cabeza.

Le sonreí, me tumbé a su lado y rápidamente se me cerraron los ojos.

Mis labios aún permanecían calientes después de su último beso. Me había despedido en el portal de mi piso y se había ido diciéndome hasta mañana. Me toqué la boca y estiré la mano para tocarlo en la lejanía, mientras se iba despacio por la acera. Lo acaricie cerrando los ojos unos segundos, sintiendo el calor de su cuerpo aunque fuera una ilusión. Cuando los abrí ya había desaparecido de mi vista. Abrí la puerta, entre en casa y me metí en la cama enseguida. Le había dicho que no. Le había negado la entrada a mi casa esa noche y me estaba arrepintiendo. Cogí mi móvil y me quedé mirándolo durante un buen rato, esperando que él me mandara un mensaje. Pero no pasó nada de eso. Pasó algo mejor. El timbre sonó y corrí a descubrir quién era lo más rápido que pude. Su voz llegó a mí y funcionó como un chute de adrenalina, poniendo a latir mi corazón tan rápido como se funde una vela en una noche de deseo. Respiré hondo y abrí la puerta del piso. Allí estaba él, mirando por debajo de sus preciosas cejas, mientras se metía nervioso el pelo detrás de las orejas. –Estás espectacular- me dijo. Me miré de arriba abajo y me dije que quizás tenía razón. Llevaba un pequeño camisón gris que dejaba al descubierto mis piernas, mis hombros y parte de mis pechos.-Gracias- me sonrojé de inmediato. Entró y cerré la puerta. Me besó con fuerza y mis labios recibieron su beso como si lo necesitaran para sobrevivir. Me rodeó la cadera y dimos un paso atrás lo que nos hizo chocar con la pared, no me importó. No la note fría, era imposible notar algo parecido al frio en sus brazos. Me llevó a mi habitación, él ya conocía muy bien el camino, aunque sería la primera vez que entrabamos en ella de esa manera. Me tumbó con suavidad y me miró a los ojos. En ese momento supe que lo querría siempre, aunque solo fuera una jovencita perdida en los brazos de un chico. Estaba temblando aunque no de miedo, si de una sensación parecida. Era mi primea vez. Era nuestra primera vez. Y estaba segura de que no estaría siendo igual de perfecta si él fuese otro. Nos desnudamos despacio, disfrutando del contacto de nuestras manos por el cuerpo del otro. Besándonos la boca, el cuello, los pechos…

Cuando estábamos desnudos se tumbo encima de mí y después de sonreírme con amor y besarme la nariz me penetró muy despacio. No sentí dolor, solo placer. Un placer que había permanecido escondido durante muchos años. Un placer que estaba dispuesta a disfrutar cuando me fuera posible. Un placer que estaba contenta de disfrutar con él. Al acabar se tumbó a mi lado, acariciándome las mejillas, que estaban rojas a casa de la excitación y el calor que recorría mi cuerpo. Le miré la oreja y le toqué el pendiente.- No me lo quitaré nunca. Tú me lo regalaste- y me besó en la boca. Cerró los ojos y yo hice lo mismo, pero antes de dormir tuve que decírselo. Tuve que decirle lo que llevaba tiempo intentando confesarle.-Te quiero Javi- le cogí la mano y la encerré en la mía. – Y yo a ti Aitana.

-Javi- una mano caliente me acariciaba la cara, la agarré.

-¿Javi?- la voz de Roberto me despertó de repente.

FRAGMENTO 58

Publicado: febrero 6, 2013 en ALIADA DE LA OSCURIDAD

Cerré los ojos y aspiré su aroma. Era casi imperceptible, ya que la ropa que le habían puesto los médicos desprendía el típico olor a hospital. Pero no me resultó un problema, lo hubiese reconocido entre cien personas con los ojos vendados. Me separé y lo miré mientras le acariciaba la cara.

-¿Qué tal te encuentras?- lo besé con suavidad.

-Estoy bien. Aunque ahora mejor que tu estas a aquí. Conmigo- me agarró por hombros y me acercó a él.

Su mirada era magnifica, brillaba más que nunca y su marrón natural estaba convirtiéndose en algunos tramos en un precioso color cobre. Parpadeó lento, y me pareció una pequeña insinuación, pero decliné la idea y miré sus labios. Decisión equivocada.

-¿Quieres saborearlos?- me dijo en un encantador tono de voz mientras me guiñaba un ojo.

-No estaría nada mal- me senté en la cama dejando los pies fuera de esta.

Colocó su mano en mi cabeza y me la inclinó hacia delante, dejando que nuestros labios se rozaran. Sacó la lengua y se mojó los labios, incitándome a que me lanzase, pero decidí que no era yo la que iba a dar ese paso, así que le imité. Juntó las labios escondiendo una sonrisa y entonces comprendí que había entendido mi juego. Se acercó más aún y me preparé para recibir el beso, cerrando los ojos y separando un poco los labios. Me mantuve así unos segundos pero como no recibí ningún beso ni percibí ningún movimiento abrí los ojos y vi a Roberto mirándome profundamente.

-¿Querías algo señorita?- dijo mientras yo sentía su aliento en mis labios.

-Pues sí. La verdad es que quiero algo- me mordí el labio.

-¿Y qué es lo que quieres? Si está en mi mano prometo ayudarla- dijo metiendo su mano por dentro de mi camiseta.

Me acarició la espalda y logró que los pelos se me pusieran de punta. Disfrutó con la sensación ya que me sonrió mientras levantaba una ceja. Le seguí el juego, no iba a dejar que sus caricias me hicieran perder.

-Pues verá, necesito que me ayude con una cosa- me bajé un poco el escote de la camiseta- ¿Ve?- le acerqué los pechos a los labios y rápidamente me alejé, pero dejando al descubierto la copa de estos- no consigo desabrocharme el sujetador. Si usted pudiera…

-Claro, no tengo ningún problema en ayudarla, pero no será gratis. Deberá darme algo a cambio- me tocó el labio inferior con un dedo- un beso sería suficiente- detuvo el dedo y introdujo parte de este en mi boca para sacarlo con rapidez.

Cerré los labios para atrapar su dedo dentro, pero fue demasiado tarde, el ya lo estaba metiendo en la suya mientras cerraba los ojos para saborearlo.

-Encantador su sabor- los abrió y me miró- vamos princesa, estoy deseando descubrir la sensación que van a provocar esos perfectos labios en mi…- miró a su entrepierna y luego de nuevo a mí- cuerpo.

Me acerqué despacio, dejando que sus labios se abrieran para recibir los míos, dejándole que se confiara. Le sonreí y él me devolvió la sonrisa para seguidamente cerrar los ojos. Me acerqué más aún y le rocé con mis labios, sin continuar más allá. Entonces abrió los ojos y después de emitir un suave y seductor gruñido me sujetó la cabeza y me besó.

Escondí mi lengua dentro de mi boca, esperando que él viniese a buscarla. Me alegré de no haber encontrado un buen escondite.

Nos besamos durante un rato, deshaciéndonos de la tensión que nos había acompañado durante toda la noche. Me di cuenta de que mis labios estaban hechos para los suyos, a si como mis manos, mis pechos, mis piernas… todo mi cuerpo era para él, y no solo eso; Mi corazón también ahora le pertenecía, y lo mejor era que yo me sentía la dueña del suyo.

Deje de sentir la mano sobre mi cabeza y comencé a tener  más calor en mis pechos, así que rápidamente me separé.

-¿Qué hace?- dije mirándole confusa.

-Intento ayudarla- le quité la mano- ¿No era eso lo que quería?- volvió a ponerla.

-No ¿Para qué iba yo a querer quitarme el sujetador aquí?- abrí los brazos y moví la cabeza hacia los lados mirando la habitación.

Me miró serio y me cogió de la mano.

-Porque es indispensable para que yo le haga el amor- tiró de mi mano- y no piense usted que después de besarme de esa forma voy a dejar que se escape- me miró fijamente- además que me ha pedido ayuda y yo he dicho que se la daría.

Comenzó a bajar la mano por mi escote y llegó a uno de mis pezones, que tocó con la punta de su dedo e hizo que se endureciera.

Me lancé a sus labios, sus caricias me hacían perder el control y no quería resistirme más. Me tocó los pechos primero por encima del escote, pero después metió sus manos por mi camiseta y me soltó el sujetador, dejando mis pechos descubiertos. Me agarró por la cintura y me movió hacia delante, dejando mis senos a la altura de sus labios. Los beso y los chupo con delicadeza, haciéndome enloquecer. Volvió a mis labios y me besó con ansia. Nos evadimos del mundo por unos segundos, olvidando por completo donde estábamos, hasta que unos pequeños golpecitos a la puerta nos devolvieron a la habitación del hospital.

-¿Roberto?- la voz de una mujer sonaba desde la puerta- soy mamá- entró.

Me bajé la camiseta y crucé los brazos. No me había dado tiempo a abrocharme el sujetador. Miré a Roberto y este escondió una carcajada después de mirarme los pechos, que se transparentaban sutilmente a causa de la fina tela de la camiseta blanca.

 

FRAGMENTO 57

Publicado: febrero 5, 2013 en ALIADA DE LA OSCURIDAD

El viaje en ambulancia fue horrible. Me habían dejado subir para estar a su lado, pero no pude siquiera tocarlo ya que los médicos rápidamente me apartaron para atender a Roberto. Yo no dejaba de preguntarles cosas, pero nunca me contestaron, tan solo me decían que me tranquilizara. ¿Pero cómo iba a hacerlo? Solo podía ver al hombre que quería encima de una camilla sin moverse, mientras los médicos pasaban por delante de mis ojos y me impedían que siguiera viéndole la cara, para segundos después volver todos a la posición anterior.

Los médicos eran un hombre y una mujer más o menos de mi edad, que no paraban de trastear con los instrumentos sanitarios. De vez en cuando se miraban y después de unos segundos unos de ellos asentía y le entregaba algo al otro. Pensé que si quizás se leyeran el pensamiento.

La ambulancia paró en seco y supe que habíamos llegado al hospital. La mujer me mandó salir y momentos después bajaron a Roberto con cuidado, metiéndolo para dentro sin perder ni un segundo. Varios médicos estaban esperando en la puerta, y al llegar nosotros estos cogieron el relevo. El chico que venía en la ambulancia le dijo algo a uno de los médicos que sujetaban ahora la camilla, pero no oí nada, así que supuse que le estaría contando el estado en el que estaba el enfermo. Después le entregó unos cuantos papeles y se fue otra vez para la ambulancia, que partió en cuanto llegó él, pensé que quizás a por otro enfermo.

La camilla comenzó a moverse y yo con ella, no pensaba dejar solo a mi hombre. Los médicos hablaban entre ellos, mientras daban órdenes a varias enfermeras, que se apresuraban a cumplirlas con rapidez. Miré hacia atrás y vi como una de ellas se iba hacía un mostrador para momentos después desaparecer de mi vista. La puerta que teníamos delante se abrió con un fuerte golpe que me sobresaltó. El final de la camilla había funcionado de manilla. Miré hacia arriba y leí una palabra que marcada en letras grandes escritas en negro y subrayadas en rojo me hizo entender que mi viaje había llegado a su fin.

-Señorita, debe quedarse aquí. No puede entrar en los quirófanos- me señaló una sala de espera y se apresuró a llegar a la camilla antes de que se cerraran las puertas del ascensor en el que ahora se iba mi detective.

Las tres horas que estuve allí esperando me parecieron una eternidad. No había mucha gente en esa sala de espera, aunque pensé que la de urgencias probablemente estaría llena. En total éramos cuatro personas. Dos de ellas, un matrimonio de unos cuarenta y cinco años, estaban esperando que saliera su hija del quirófano. Estaban alegres, ya que por lo que pude averiguar, no iba a salir sola, si no con el primer nieto de estos. Se les veía impacientes y muy alegres, mientras comentaban anécdotas de cómo fueron todas sus veces allí. Por lo que pude contar unas cuatro.

La otra persona era un chico de unos treinta años, muy guapo debo decir, que esperaba mientras leía un libro. De vez en cuando recibía una llamada, pero como salí fuera a hablar, no supe si tenía relación con el motivo de su estancia allí o no.

Los profesionales sanitarios que pasaban de aquí para allá no lograron despejar mis dudas sobre el estado de Roberto, nadie se aventuraba a decirme en qué estado estaba, y eso me ponía aún más nerviosa, hasta que hubo uno que vino a buscarme.

-¿Aitana?- me miró y yo me levanté dirigiéndome a él con rapidez, mientras este salía al pasillo y se alejaba un poco de la sala de espera.

-Sí, soy yo ¿Qué tal está?- mi voz sonaba preocupada.

-Hemos tenido que intervenir de urgencia, ya que había perdido mucha sangre a causa de la herida. Por lo que ha necesitado una transfusión- me miró a los ojos- ahora se encuentra estable- sonrió- y no hace otra cosa que preguntar por usted.

-¿Entonces? ¿Puedo verlo?- dije emocionándome.

-Claro. Sígame- y comenzó a andar.

Nos metimos en el ascensor y subimos dos plantas más. Yo estaba nerviosa, tenía tantas ganas de verlo. Mi mente se había imaginado miles de cosas durante todo el tiempo que estuve esperando. Decidí que estaba claro que no tenía el don de la premonición. Me reí para mis adentros. Las puertas del ascensor se abrieron y delante de nosotros apareció un pasillo enorme con puertas a ambos lados de este. Varios mostradores rompían la monotonía, así con una máquina de café y una pequeña fuente de metal. Le seguí de cerca.

-Es aquí- señaló una puerta de la derecha y después se fue.

Miré hacia arriba y memoricé el número en mi cabeza; 321, no se me iba a olvidar nunca.

Entré despacito, no sabía si era una habitación individual o compartida, además no sabía tampoco si estaba dormido, aunque pronto descubrí que no.

-¿Aitana? Sé que eres tú, reconozco tu olor princesa- su voz sonaba mejor.

Avancé unos pasos y lo vi. Estaba echado en la cama, levantando el cuello para intentar ver más. Estaba solo en la habitación, tampoco había otra cama, y eso me gustó. Tendríamos intimidad.

-Oh Roberto- le abracé con cuidado- he tenido mucho miedo de perderte.

Me devolvió el abrazo y de pronto una sensación de paz, tranquilidad y amor inundo mi alma.