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Capítulo 45

Publicado: junio 26, 2013 en SUSURROS ESCONDIDOS
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LA ENTREGA

Miré a Esmeralda y  la imaginé con un pequeño bebé en brazos. Lo miraba sonriéndole mientras con su dedo índice le tocaba la nariz. Yo alargaba la mano para tocar a la hermosa criatura y esta me cogió un dedo. Esa escena tan tierna me hizo enloquecer. No podía creer la suerte que me esperaba si el resultado de la prueba de embarazo salía positivo. Miré a Esmeralda de nuevo y me di cuenta de que no habría otra persona en el mundo que pudiese encajar mejor conmigo para acabar siendo la madre de mis hijos. Estaba deseando ver como lo acariciaba, como le besaba la frente, como le daba el pecho… solté un poco de aire y entonces vi el resultado.

-Vas a ser la mejor madre del mundo encanto.

Me miró sorprendida pero rápidamente se tiró a mis brazos mientras me arrebataba la prueba de las manos. Supe que la miró para asegurarse, aunque sabía que confiaba plenamente en mi tenía que verlo con sus propios ojos.

-No podría serlo si no fuese tu el padre- dijo besándome el cuello- nunca pensé que quedarme embarazada sin tenerlo previsto fuese un motivo de alegría para mí, pero contigo todo es diferente- se puso frente a mí y me tocó la nariz, tal y como lo había hecho a nuestro bebé en mi imaginación. Una pequeña lágrima se escapó de mi ojo derecho

Esmeralda me miró confusa.

-Estoy deseando que nazca este bebé- le acaricié la barriga, aún plana, pero que pronto comenzaría a aumentar.

 

Pedidos la comida: una gran ensalada completa y una parrillada de carne más que suficiente para dos personas. Dos postres de chocolate hicieron que ya nos entrara ni una gota de agua más en la barriga. Acercamos el sofá a la puerta de la terraza, que dejamos abierta para disfrutar del buen tiempo que había fuera y nos sentamos en él.

-¿Te gusta el nombre de Aitana?- dije acariciándole el pelo.

-Me gusta también el de Roberto.

Nos dormimos un par de horas y nos despertaron unos golpes en la puerta. Me di cuenta entonces de que faltaba muy poco para deshacernos del coche en el que había el cadáver de esa mujer.  Me acerqué a la mesita a coger las llaves del coche mientras escuchaba a la chica de detrás de la puerta decir que era la señora de la limpieza, que si necesitábamos toallas. Esmeralda respondió que sí y avanzó hasta la puerta; estaba completamente seguro de que no recordaba porqué estaban picando. Mi móvil sonó y reconocí el número, contesté con rapidez.

-¿Qué ocurre Jaime?

-No abráis la puerta, la chica que está al otro lado es una matona que ha contratado Carlos…

Continuó hablando pero ya no lo escuché, había tirado el móvil encima de la cama y corría hacia Esmeralda gritándole que no abriera la puerta, pero era demasiado tarde; Esmeralda me miraba asombrado mientras la mujer que había detrás de ella le apretaba en la espalda con una pistola.

-Tírame las llaves del coche y vete al baño. Enciérrate allí y no salgas hasta que nosotras nos vallamos- me miró con odio.

Esmeralda puso la mano sobre su vientre y entonces decidí que no podía arriesgarme. La vida de nuestro bebé era mucho más importante que cualquier trato que hubiésemos hecho con Jaime. Pero podía intentar algo.

-De acuerdo, te daré las llaves, pero solo si la sueltas. Lo haremos a la vez- la miré un rato y la vi dudar, así que decidí seguir probando- ella no te importa, tan solo necesitas las llaves del coche para recuperar el cadáver…

-Tienes razón, ella no me importa- dijo con seguridad.

Y entonces un disparo llenó mis oídos, haciendo que todos mis sentidos se desvanecieran, todos excepto la vista, que permanecía clavada en Esmeralda.

 

 

CAPÍTULO 44

Publicado: junio 17, 2013 en SUSURROS ESCONDIDOS
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¿UNA LINEA O DOS?

Hicimos el amor primero de una manera salvaje. El me mordió con fuerza varias veces los hombros y también los pezones. Me embistió con rapidez, mientras me agarraba de las caderas. Me clavó los dedos en el trasero y yo lo rodeé con mis piernas para sentirlo, si era posible, más dentro de mí. Chillamos ambos como nunca lo habíamos hecho y acabamos tumbados sobre la cama, exhaustos; nos dormimos enseguida.

Me desperté en medio de la noche y me separé despacio de David para no despertarlo. Corrí al baño con la extraña sensación de que me había bajado la regla, pero descubrí que me había equivocado. Me quedé un rato sentada en la taza del váter, pensando cuando había sido la última vez que había tenido el periodo. Los dos habíamos sido muy poco precavidos, por no decir nada, en cuanto a la cuestión del sexo sin protección.

Me levanté y me coloqué de lado mirando al espejo. Me toque la barriga inocentemente, como si hubiese ya un pequeño David creciendo dentro de mí ¿Por qué no me asustaba la idea? Me agarré los pechos por debajo, subiéndolos un poco para luego dejarlos caer.

-Esmeralda por favor- dije acercándome al espejo y poniéndome de frente a él- tan solo llevas tres días de retraso, además ¿Crees que notarías un cambio en tu cuerpo tan pronto?

Bebí un poco de agua y volví a la habitación. Cogí la pequeña manta gris y nos cubrí a los dos con ella. Me tumbe cara arriba, viendo imágenes que salían proyectadas desde mi mente para chocar contra el blanco techo y cobrar vida. En ellas el tiempo transcurría rápido; la bonita cara de David se hacía más bella si cabía cuando yo le decía que estaba embarazada. Luego mi barriga crecía rápidamente mientras a mí alrededor pasaban dos estaciones; el sol se alejaba feliz, mientras los árboles empezaban a dejar escapar las hojas de sus ramas. Marrones algunas de estas y otras amarillas, que destacaban ambas sobre la verde pradera. Algunos de ellos seguían majestuosos, esperando la llegada de varios pajarillos que encontraban entre ellos el cobijo necesario para pasar la época de frio. La nieve comenzaba a caer, mientras yo miraba al cielo y extendía los brazos. Comencé a caminar despacio, sobre las hojas secas que cubrían la pradera. Siempre me había gustado el sonido de estas al aplastarse, me traía bonitos recuerdos de mi época de colegio. Me metía debajo de un árbol, cubierto por sus hermosas hojas que resistían todo el año, bien sujetas a sus firmes ramas.

Mis ojos se cerraron y la imaginación dio lugar a un precioso sueño en el que, en el mismo jardín de la pequeña proyección de mi mente, David enseñaba feliz a nuestro pequeño bebé a caminar. No pude descubrir si era un niño o una niña, no me importó supe que sería muy querido. David me miró por encima del hombro y me guiño un ojo. Antes de girarse pude oír cómo me decía que me quería.

 

Me desperté de nuevo, esta vez para descubrir que David no estaba a mi lado. Me quedé varios segundos en silencio y descubrí que estaba en el baño, ya que oí como el agua de la ducha caía sobre la bañera. Me levanté y me vestí con rapidez. Quería bajar a buscar una farmacia para comprar una prueba de embarazo. Recordaba el sueño como si hubiese ocurrido de verdad, y no podía esperar más para averiguarlo. Dejé una pequeña nota a David que decía:

“Vuelvo enseguida mi pistolero” y el dibujo de un pequeño corazón con la primera letra de mi nombre dentro.

No me costó mucho encontrar la farmacia y cuando me quise dar cuenta ya había llegado al hotel, entrado en la habitación y saludado a David con un fuerte beso. Ahora estaba sentada en el borde la bañera, mirando a intervalos hacía la pequeña barrita que me iba a indicar si mi sueño se iba a hacer realidad más pronto de lo que hubiese esperado nunca. Lo posé sobre el lavabo y me dirigía a la habitación. No me parecía justo que David se mantuviese al margen de esto, aún sin saber como iba a sentarle la noticia.

-David- me acerqué a él- tengo algo que decirte. No estoy asustada pero creo que es mejor salir de dudas lo más pronto posible…

-¿De qué hablas?- dijo tragando el último bocado de su tostada.

-Llevo tres días de retraso y aunque en principio no supone nada quiero saber el resultado hoy mismo.

Observe todos los cambios de su cara desde que empecé a hablar hasta que acabé. Se quedó en silencio durante más tiempo del que pude soportar y comencé de nuevo a hablar.

-Tranquilo David, no hay por qué preocuparse, posiblemente…- dejé de hablar porque él se había levantado y estaba empezando a vestirse-¿Te escapas? ¿Tanto te asusta?- la boca se me abrió mientras intentaba entender que era lo que estaba pasando.

-¿Estás loca? Tan solo voy a por una prueba de embarazo- se acercó a mí y me rodeó la cintura- además es normal que esté asustado, tu también lo estas te lo noto en la mirada encanto ¿Pero sabes qué?

-¿Qué?- dije temerosa.

-Que nada sería más perfecto para mí. Te amo Esmeralda- y me besó con fuerza para luego separarse y caminar en dirección a la puerta.

-¿Dónde vas?- dije muy feliz- no hace falta que vayas a ningún sitio. La prueba ya está hecha, nos está esperando en el baño- señalé hacia él.

Me miró sorprendido y cambió de dirección, pero lo agarré por la mana antes de que entrara en el baño.

-Yo también te amo David- y lo besó con amor.

Nos sentamos los dos en el borde de la bañera y cogí la prueba de embarazo.

-¿Tienes claros los resultados?- dijo manteniendo boca abajo, para no verla aún.

-Sí; una raya negativo, dos rayas estamos embarazados.

Le di la vuelta y durante un segundo el reloj de mi vida se paró, mientras entregaba el resultado a David, el cual al mirarme, hizo que de nuevo mi reloj se pusiese en marcha.

 

Capítulo 43

Publicado: mayo 30, 2013 en SUSURROS ESCONDIDOS

TENTACIONES

Mis manos comenzaron a bajar por el lateral de su cuerpo, hasta llegar a su cintura. Moví los dedos rápido sobre su piel, haciéndole cosquillas. El apretó los labios, conteniendo su risa; estaba jugando conmigo.

-Haremos una cosa…- dije dándole un beso- ¿Te apuntas?

-¿Sin saber qué es?- arrugó el ceño.

-Prometo no hacerte daño- subí una mano, poniendo la palma de esta encima de mi pecho.

-De acuerdo ¿De qué se trata?- puso su mano sobre la mía.

-Te haré cosquillas por todo el cuerpo, y tú deberás contenerte lo máximo posible- lo señalé- si oigo que te ríes, deberás pagar una prenda.

Me miró durante unos segundos, sin decir nada. Después puso la mano sobre mi trasero y lo apretó hacia abajo, haciendo que mi sexo chocara con el suyo.

-Me parece bien pero…- me dio un pequeño azote- si resisto más de un minuto, cambiaremos los papeles- me guiñó un ojo.

-Tentador y divertido- me aparté a un lado, quitando de encima de él- pero la idea ha sido mía, así que yo empiezo.

Me sonrió y me puse manos a la obra. Tenía un minuto para hacer que se le escapara la risa, y pensaba conseguirlo. Comencé suave, rozándole el interior del brazo izquierdo. David cerró los ojos y se relajó. Estaba intentando concentrarse en otra cosa, pero eso no iba a servirle para nada. Dejé la zona del brazo y pasé de nuevo a la cintura. Levanté un poco su camiseta y le acaricié la zona del ombligo. Realicé varias espirales, acercando la circunferencia final de esta al borde de su bóxer. Moví los dedos con rapidez en esa zona y noté como él se tensó. Lo miré, tenía la boca muy apretada, pero aún podía contenerse un poco más… se me ocurrió otra zona en la que tendría cosquillas, pero al separar la mano para moverme hasta allí el me la agarró.

-Se ha acabado tu tiempo encanto…

Se movió con rapidez y cuando me quise dar cuenta lo tenía encima de mí.

-Puedes rendirte ahora Ese- me agarró las manos y me las subió, colocándolas encima de mi cabeza- no podrás resistir ni medio minuto, me pedirás que pare…

-Jajajajaja lo dudo mucho- dije levantando la cabeza.

-Eh! Te has reído…

-O vamos, ¡No cuenta! No habías comenzado

-De acuerdo, te perdonaré- bajó hasta mi oído- ahora prepárate…

Sacó su lengua y comenzó a rozar mi cuello, tentándome a rendirme y a su vez haciéndome cosquillas. No habíamos quedado de acuerdo en con qué debían hacerse las cosquillas, pero no pensaba quejarme. Eso era evidente.

Lo imité cerrando los ojos. David se acercó a mi axila, rodeándola con la punta de su lengua, me mordí la lengua, pero demasiado tarde; una pequeña risita ya se había escapado de mis labios.

-Bonita risa. Nunca me hubiese gustado más oírla…- me soltó los brazos- quítate las braguitas Esmerada.

Lo miré divertida y levanté la mano, para poner el dedo índice frente a su cara. Tentadora

-No no…- separé las piernas invitándolo- serás tú quién lo haga David.

Se rió divertido.

-Oh! Te has reído- dije moviendo el dedo

-No vale, yo te he perdonado

-Ya, pero no lo haré-lo agarré por el cuello y me levanté, pegándome a su cara- quítate la camiseta. Déjame verte…

Me miró con la boca apretada y me rodeó con sus brazos.

-Eres mala Esmeralda- me tiró sobre la cama, cayendo el sobre mí- quítate toda la ropa, o prometo que me lo pedirás de rodillas…

Lo miré con los ojos entrecerrados. Mientras comenzaba a besarme el cuello.

-No lo conseguirás…- dije sintiendo como se me cerraban los ojos.

No me contestó, se limitó a subirme el vestido.

 

 

 

Capítulo 42

Publicado: mayo 23, 2013 en SUSURROS ESCONDIDOS

EL HOTEL

Disparo, sangre, gritos y libertad. La secuencia pasó tan rápido que no se separaban ni por un segundo unas de otras. El disparo nos había pillado a todos desprevenidos, aunque yo había reaccionado rápido, cuando vi caer las llaves del coche caer del bolsillo de Carlos, atrapándolas con rapidez. Estoy segura que incluso David, no se creía lo que acababa de hacer. Imagino la cara de Carlos; sus cejas fruncidas, su boca tomando forma de O y la mirada clavada en los ojos de mi salvador. Era más que evidente que no lo veía como una amenaza, ya que desde el primer momento había ignorado por completo la presencia de David, pero este no se había rendido, había cogido aire, había apuntado hacia Carlos y le había dado en la pierna que él no tenía sobre mí. Realmente no sé donde había apuntado David, pero si había dado en el lugar que quería, tenía una buena puntería; le preguntaría como había sido, pero cuando estuviese más relajado, ahora tan solo quería saber cuál era su plan.

-¿Qué vamos a hacer?- dije tranquilamente.

-Irnos al hotel dónde nos desharemos de todo esto- su voz sonaba más relajada.

Asentí y miré al frente, esperando que llegáramos pronto al destino. Estaba necesitada de una buena ducha y una buena cama… miré de reojo a “mi pistolero”. Contuve la risa, sería divertido llamarle así mientras le hacía caricias por el interior de sus piernas… agité la cabeza, intentando que él escalofrío que se posó en mi nuca y comenzó a rodearme el cuello se disipara. Tenía tantas ganas de abrazarlo, de sentir sus fuertes brazos rodeándome… separé las piernas, estaba empezando a tener demasiado calor.

 

Aparqué frente al hotel, dejando a Esmeralda en el coche unos minutos hasta que acabara de recoger la llave de nuestra habitación y el ticket de aparcamiento. Estaba exhausto y asustado, muy asustado. Habíamos marchado dejando a Carlos en el suelo, diciéndonos a gritos que lo pagaríamos, que pagaríamos por todo lo que habíamos hecho. Yo solo le había respondido diciéndole que se olvidase de nosotros, que tan solo éramos los que iban a realizar la entrega, que más cerca de lo que pensaba estaban los que le habían traicionado. Aunque realmente no sabía quién había sido, pensé que eso le haría dudar, y aunque no se olvidaría de nosotros, buscaría otros culpables, dándonos así tiempo suficiente como para pensar en una nueva estrategia. Una que nos permitiera escapar para siempre de este lio, en el que sin quererlo, nos habíamos metido.

Mientras me iba acercando al coche miré a Esmeralda, tenía la cabeza girada hacia el otro lado y las manos colocadas sobre sus piernas, que estaban levemente separadas. Una sensación de calidez recorrió mi cuerpo, al imaginar mi mano caminando por el interior de sus piernas. No creo que fuésemos a quedarnos dormidos nada más entrar en la habitación, al menos yo no iba a dejar que eso sucediera…

-¿Qué habitación nos han dado?- dijo alegremente

-Una con una sola cama…-respondí en tono seductor

Ella se sonrojó, estaba seguro de que no esperaba esa respuesta.

-Con eso será suficiente- dijo sonriendo.

Su cara se contrajo un poco, ya que al sonreír el moratón que tenía sobre la mejilla, a causa del puñetazo que le había dado Carlos, se arrugó. Pasó sus dedos con mucha suavidad por encima de este y luego habló:

-Qué hijo de puta, nos ha dejado bien marcados-estiró la mano y me tocó la barbilla.

Di un respingo, la zona aún estaba muy sensible, tendría que tener cuidado.

-Perdona- dijo ella apartando la mano.

-No te disculpes, tu contacto siempre me agrada, encanto- le cogí la mano y se la besé- vamos a aparcar el coche- la miré de arriba abajo- tienes que quitarte esa ropa ¿Necesitarás ayuda?

Esmeralda se echó a reír y yo conduje hasta el garaje, hipnotizado por su maravillosa risa.

La habitación que Jaime nos había reservado era la 501, la más amplia del hotel. Esta contaba con una gran cama, adornada con una colcha de pequeños cuadraditos marrones, que hacia destacar a dos grandes cojines colocados sobre esta, con cuadrados dibujados, muchos más grandes que los de la colcha.

Al mirar hacia los lados descubrí que había también un coqueto salón, en el que un sofá de color marrón oscuro te llamaba para que te sentases en él, y te tapases con una preciosa manta gris, colocada en el apoya brazos, que daba la sensación de ser muy suave. Avancé despacio hasta la puerta de lo que parecía ser una terraza, seguido por Esmeralda. En esta había dos sillas rodeando una mesa de forja y cristal. Encima de ella había una carpeta, con el nombre de los dos; la cogí y la abrí:

Hola chicos, como habréis previsto soy Jaime. Estáis siguiendo el plan mejor de lo que pensaba, quizás en el futuro podemos hacer algo juntos… bueno, eso es otro tema. Ahora tengo que deciros una cosa, que supongo ya sabréis. Os están siguiendo: Carlos piensa que sois vosotros los que habéis matado a su novia y os está siguiendo. Pero no solo eso, ha contratado a tres personas para que os maten. El solo quiere a Esmeralda, para vengarse de ti David. Esta mañana estaban totalmente despistados, sobre todo por la herida que le habéis causado a Carlos. Ahora solo tenéis que esperar. Intentaré despistarlos, circulando por la ciudad con un Audi del mismo tipo, pero estar preparados para lo que sea. Cuando os hayáis deshecho del coche, llamadme; os daré nuevas instrucciones.

Posé la carpeta de nuevo sobre la mesa y me fui dentro, caminando hacia la cama, en la que me dejé caer en cuanto llegué a ella.

-Relájate “pistolero”- dijo Esmeralda acariciándome las piernas.

-¿Pistolero?- me eché a reír. Le vi un doble sentido, que seguro ella no había previsto. Me di la vuelta y me miré la entre pierna.

-Serás mal pensado…- me dio un golpecito en la cara.

Le agarré la mano y tiré de ella, haciendo que cayera sobre mí. Le rocé el moratón con cariño y soplé sobre él.

-No desearía haber hecho esto con otra persona que no fuese tu- y la besé con amor.

Capítulo 41

Publicado: mayo 21, 2013 en SUSURROS ESCONDIDOS

DISPAROS

Moví despacio la mano hacía la parte derecha del volante, pensando que quizás llegaría a las llaves antes de que él se diese cuenta. Lo oía quejarse, mientras Esmeralda le clavaba las uñas en las mano y el intentaba deshacerse de ella con la otra mano. Al final logró apartarla, y continuó apretando su cuello, con la suficiente fuerza como para no matarla, pero si como para dejarla sin conocimiento si no lograba impedirlo. Llegué hasta la hendidura de la llave y el terror me invadió. La llave no estaba, no podríamos escapar de allí con vida… tenía que reaccionar, tenía que entrar en acción, no podía esperar más.

Bajé del coche y me lancé contra la espalda de Carlos, dándole varios puñetazos en el lateral de su torso. El flojo la presión que estaba ejerciendo sobre Esmeralda, le soltó las manos y se giró para lanzar un puñetazo contra mí, que pude esquivar con agilidad. Mientras tanto, ella se escurrió un poco y estiró el brazo hacia debajo del asiento. Yo me enfrenté a Carlos, pensando que quizás consiguiese llegar a él de nuevo, pero cuando me acerqué, el me propinó un puñetazo debajo de la barbilla que hizo que callera al suelo. Un grito de dolor se escapó de mi cuerpo y llevé la mano a mi cara instintivamente, para descubrir momentos después que estaba sangrando. Miré hacia el coche y descubrí que tenía la vista nublada, pero aún así pude distinguir como soltaba a Esmeralda del cuello y tiraba de ella, intentando sacarla fuera del coche. Ella se resistía lanzando los pies en su dirección, pero pocas veces llegó a tocarlo, y cuando lo hacía él apenas lo sentía.

-¡Estate quieta!- le gritó Carlos.

Pero ella no obedeció, sus voces tan solo hicieron que ella enfureciera más, aumentando el ritmo de sus patadas y acertando con una de ella en su entrepierna. Carlos se distrajo unos segundos, pero reaccionó rápidamente, dándole un puñetazo a Esmeralda en el pómulo derecho. Ella se quedó muy quieta mientras él tiraba de ella sacándola por fin del coche.

-Déjala en el suelo Hijo de puta- le dije levándome y dirigiéndome hacia él mientras mi odio crecía al ver a Esmeralda colocada debajo de su brazo derecho sin moverse.

Estaba aterrado, no podía dejar que se llevara a Esmeralda, no podía perderla.

-No estás en condiciones de exigir nada- avanzaba hacía un coche colocado a unos metros del nuestro.

Aproveche que Carlos me estaba ignorando completamente para avanzar con rapidez hacia el Audi. Metí la mano debajo del asiento y la toqué; la pistola estaba allí, la saqué y apunté hacia Carlos.

-Suéltala- dije parándome, no quería acercarme demasiado y que volviese a pillarme desprevenido.

-Déjalo, puedes irte no voy a hacerte daño. La quiero a ella- dijo remarcando las últimas palabras.

Me enfureció su comentario, así que desviando la pistola un par de metro presioné el gatillo.

-¡Suéltala ya!

Carlos la soltó, haciendo que Esmeralda cayera al suelo. Esta recuperó la consciencia y comenzó a arrastrarse hacia mí, pero no pudo avanzar mucho, ya que Carlos se giró con rapidez y puso uno de sus pies sobre su espalda, estrellándola contra el suelo.

-¡Déjala en paz!- le grité sin dejar de apuntarle.

-¿Qué piensas hacer?- apretó un poco el pie sobre Esmeralda y esta gritó- ¿Dispararme?- soltó una carcajada que me hizo estremecer.

-¡Sí!- dije bruscamente.

Todo ocurrió demasiado rápido como para que pueda recordar todos los detalles. Aún siento la sensación del pie de Carlos sobre mi espalda, y las pequeñas piedras que estaban clavándose en la parte de arriba de mi torso. Abrí mi bolso para coger un paquete de toallitas húmedas, saqué un par de ellas y me las pasé con rapidez por los brazos, quitando las gotas de sangre que había sobre ellos. David conducía rápido, internándose en las calles de la ciudad, sin saber cuál era la meta. Lo miré, sabía que aún le temblaban las manos, aunque la fuerza con la que estaba agarrando el volante lo escondía. No había dicho nada desde que habíamos montando en el Audi hacía tan solo unos minutos, escapando de Carlos, con la terrible sensación de que las cosas se habían puesto aún peor. Le había dado las gracias, le había llamado por su nombre, le había tocado… pero él se había quedado callado, sin apartar la vista de la carretera.

-¡Pensé que te perdía!- gritó de repente, asustándome- pensé que nunca más podría tocarte, ni besarte…- se relajó y se mantuvo en silencio de nuevo.

No dije nada, dejé que continuara con sus pensamientos. Yo también había tenido esa terrible sensación, pero sabía que pasara lo que pasara el acabaría salvándome.

Me estremecí al oír el claxon de un camión. El oído aún me zumbada levemente, a causa del disparo que David había echo salir de su pistola. No podía creerlo, se había atrevido a hacerlo, le había dado a Carlos.

Capítulo 40

Publicado: mayo 20, 2013 en SUSURROS ESCONDIDOS

SIN SALIDA

-No te disculpes- me separé para mirarlo- tu no sabías nada de lo que te he contado, y después del duro día que…

-No Esmeralda- me puso una mano en cada mejilla- no debería haberte acusado de esa forma- se acercó a mis labios y se quedó quieto muy cerca de ellos- ¿Me perdonas?

Lo besé despacio, posando mis manos sobre las suyas y bajándoselas para colocarlas sobre mi cintura.

-Olvidemos esto- lo separé y me baje del maletero- te espero dentro del coche. No quiero mirar el cadáver, pero si saber quién es.

Le sonreí y me senté en mi asiento, sin cerrar la puerta. Lo verdad es que estaba ansiosa por saber quién era la persona que estábamos transportando. La idea de que era alguien conocido por mucha gente no dejaba de rondarme la cabeza. Hacía días que no oíamos las noticias, por lo que no sabíamos si se habían hecho eco los medios de comunicación de alguna desaparición o asesinato referente a alguien famoso. Me apoyé en el respaldo, esperando que David me dijese quién era, o al menos si la conocía.

 

Puse las manos sobre el maletero y agaché la cabeza ¿Realmente estaba preparado para descubrir la cara de una persona muerta? ¿Estaba preparado para enfrentarme a la realidad después de hacerlo, fuese de quién fuese ese cuerpo?

Respiré hondo, debía de hacerlo si quería seguir avanzando. El ataque que habíamos sufrido hacía tan solo unas horas, me había puesto en alerta, decidiendo entonces que teníamos que estar preparados para todo, y eso requería obtener toda la información posible acerca de nuestro cometido, que no era otro que el de entregar un coche en un sitio concreto y en una hora concreta. Muchas veces pensé que la ignorancia te protege, pero creo que en este caso no es así. Me separé un poco y miré a Esmeralda. Había sido muy injusto al desconfiar de ella, llegando a pensar que me ocultaba cosas… la compensaría por ello cuando acabase todo esto. Miré del nuevo el maletero y sin más preámbulos extendí la mano, que había rodeado antes con un pañuelo para no dejar huellas, aparté varios objetos que habíamos colocado sobre el plástico y luego lo separé despacio. Un olor muy desagradable comenzó a escaparse, llenando mis fosas nasales y provocándome una arcada. Me contuve y continué hasta que por fin la descubrí por completo.

Era una mujer de unos cuarenta años, que me resultaba extrañamente familiar. Tenía el pelo pegado a la cara y al pecho. Estaba completamente desnuda, con las manos colocadas sobre su vientre. Pude distinguir varios moratones alrededor de sus muñecas. Me aparté de nuevo, agarrándome el estómago con una mano, intentando controlar mis ganas de vomitar. Metí la cabeza dentro del maletero y me acerqué más a la mujer, tapándome la nariz y la boca con la mano libre. No se veía ningún signo más de violencia, ninguna gota de sangre ni nada que pudiese decirme como la habían matado. Le eché otro rápido vistazo a su cuerpo y me paré unos segundos sobre su cara, intentando recordar de que me sonaba. Cerré los ojos unos segundos e intenté imaginármela en otra situación, y entonces la recordé. La cubrí de nuevo, colocando todo como estaba y cerré el maletero. Avancé hasta un contenedor, donde tiré el pañuelo y luego me metí en el coche.

-¿Quién era?- dijo Esmeralda sin mirarme.

-No vas a creértelo- me apoyé en el volante, mirándola- estamos metidos en un lio mayor del que pensábamos Encanto.

-¿Más aún?- me miró abriendo los ojos- ¿Entonces quién es la persona que está ahí detrás?- dijo señalando al maletero.

-Es la mujer de Carlos. Carlos el carnicero-me pasé la mano por la cara y después cerré los ojos.

-No puede ser-me tocó el hombro-¿Qué vamos a hacer ahora? Es evidente que los que nos están siguiendo saben lo que escondemos.

-O quizás tan solo sepan que hemos entrado en casa de Carlos, y por ello quieren acabar con nosotros- le cogí la mano- saben que hemos visto cosas allí dentro…

-Sí, lo que dices es verdad- dijo sin dejarme acabar la frase- pero nos culpan también de la desaparición de esa mujer. Estoy segura de que Carlos ha mandado matarnos por eso. Es probable que no se creyera nuestra pequeña mentira de porqué habíamos picado a su casa- miró al techo un segundo, sin mover la cabeza- es posible hasta que tuviese cámaras dentro de casa…

Me separé del volante y di un puñetazo sobre este. Esmeralda tenía razón. No nos habíamos fijado en eso y lo más seguro era que ella tuviese razón…

-De acuerdo, no perdamos la calma-apreté su mano, llamando su atención- ya estamos en Cuenca, tan solo tenemos que ir al hotel y esperar que la chica de la limpieza llegue a la habitación. Le entregaremos las llaves y todo quedará olvidado…

-Sí, ya no tendremos que transportar un cadáver, pero dudo que Carlos se olvide de nosotros…

-Estas en lo cierto muñeca.

Carlos agarraba a Esmeralda por el cuello, apretándola contra el asiento, mientras ella me miraba de reojo, diciéndome con la mirada una cantidad infinita de cosas, que iban desde el amor más profundo, hasta el miedo más atroz. Mi mente se quedó en blanco durante unos eternos segundos, hasta que Esmeralda clavó sus uñas sobre la mano de Carlos y yo reaccioné. En mi cabeza apareció de repente un plan que con rapidez puse en marcha, esperaba que diese resultado…

Capítulo 39

Publicado: mayo 15, 2013 en SUSURROS ESCONDIDOS

DESCONFIANZA

Se rascaba nerviosa detrás de la oreja derecha y evitaba mi mirada. Le solté la mano y la agarré por los hombros.

-Mírame Esmeralda- la agité un poco- ¿Por qué no quieres que habrá el maletero? ¿Qué sabes? ¿Qué me escondes?- volví a agitarla.

-Suéltame David- levantó la cabeza y me miró con odio- ¿De verdad crees que te escondo algo?- puso sus manos sobre las mías y me las bajó, para soltármelas con rapidez.

Se acarició los hombros, bajando de nuevo la cabeza. Su comportamiento me resultaba realmente extraño. Había desistido ya de la idea de que sabía, sobre nuestro plan, algo que yo no. Su gesto era más cercano a la tristeza. Es verdad que se había llevado un buen susto cuando descubrimos lo que llevábamos en el maletero, pero me pareció una reacción de lo más normal. Ahora entendía que no había sido así.

Extendí la mano hacia ella, esperando que me la cogiera y sentir de esa forma que no estaba enfadada conmigo. Levantó la mano y le sonreí, me la cogió y tiró de mí. Me abrazó con fuerza, apoyando su cara sobre mi pecho. Le acaricié el pelo, mientras esperaba a que ella se decidiera a contarme que era lo que le pasaba.

 

David había dudado de mí, pero no podía culparlo. El no conocía el por qué de mi comportamiento, y entendía que, con la tensión a la que estábamos sometidos, se le hubiese podido pasar por la cabeza la idea de que yo supiese más cosas que él. Pero notaba el arrepentimiento en su hermosa mirada, en sus caricias tranquilizadoras. Lo apreté más fuerte y después me relajé, dejando que un par de lágrimas se resbalaran por mis mejillas y comencé a contarle la historia.

Es fácil decidirse por un hombre cuando a su lado lo tienes todo, pero deshacerse de él, bueno más bien, que te lo quiten. Siempre he sido muy enamoradiza, y en cuanto me dicen cuatro cosas bonitas mi corazón le echa un buen pulso a mi cabeza, siendo este siempre el ganador. Bueno, eso es algo que tú ya sabes… el caso es que por circunstancias de la vida, me enamoré perdidamente de un chico 7 años mayor que yo, no parecen muy exagerado, pero teniendo en cuenta que yo tenía tan solo diez y siete, la situación se complicaba. Me pasé meses observándolo, hasta que me cansé de esperar “la señal” y fui a buscarlo directamente. Me aceptó de inmediato, alabándome cada día que me veía, acariciando en cada pequeña oportunidad que tenía. Nos pusimos a salir, pero la edad resultó ser un problema mayor del que esperábamos. Mi madre no acepto nuestro noviazgo, y mucho menos mi hermano, así que tuvimos que vernos a escondidas los tres meses que nos pasamos juntos.

Un día, quedó de venir a buscarme después de clase pero no apareció así que me fui a casa. Pensé que quizás se hubiese alargado su jornada laboral, o le había surgido algún inconveniente en casa. Se me ocurrieron miles de cosas, pero en ningún momento se me pasó por la cabeza lo que realmente ocurrió. Caminaba despacio, mirado a todos los lados, disfrutando del aire caliente que refrescaba mis mejillas, miré a las nubes y distinguí la forma de un corazón, sonreí al imaginarme que el también las estaba mirando, y al igual que yo se había acordado de mí. Volví a mirar al frente y comencé a asustarme. Había cantidad de gente joven agolpada en la puerta del tanatorio. Me acerqué despacio, temiéndome lo peor.

Cuando me quise dar cuanta estaba siendo abrazada por uno de los amigos de mi novio, el que lloraba incansable sobre mi hombro. No me dijo nada, pero supe lo que ocurría. Me alejé de él de la forma más amable que pude y corrí dentro. Me paré cuando llegué al cristal que separaba el cadáver de mi novio del resto de la gente. No he vuelto a mirar a una persona muerta desde entonces, y aunque haya pasado ya mucho tiempo, creo que aún no estoy preparada para hacerlo…

Dejé que me levantara el suelo y se sentara sobre el maletero del coche, donde me abrazó con fuerza mientras me susurraba al oído que le perdonara por haber desconfiado de mí.